Se acerca mi cumpleaños, y con el -como no podía ser de otra manera- se cumple un año más. Y me hago viejo. Sé que una persona de cincuenta ser reiría de mí, pero es que hasta hace nada tenía poco más de 15 años...
Y en momentos como este, de interludio, uno piensa en cómo ha evolucionado su vida y si la velocidad de tránsito ha sido o no demasiado rápida. Echo la vista atrás y me siento orgulloso. Lo cierto es que he conseguido mis sueños de adolescente y estoy trabajando por conseguir los de mi juventud. Tengo una poyo insustituible a mi lado; mi mujer Beatriz y no me faltan los buenos amigos, aunque de esos tampoco sobran. Tengo una familia excepcional -a la que añadir mis dos primeros sobrinos- y en el trabajo todo va viento en popa. Sin prisa pero sin pausa. Poco a poco voy sacando mis obras a la luz y, si todo va bien, durante 2008 tendré dos en cartelera. Empiezo a perfilarme como autor infanti-juvenil y no solo no me disgusta sino que he nadico para ello.... y aún así... el tiempo pasa.
Lo noto fluir por mis venas y siento en que llegará el día en que tenga que abandonar el mundo, pues si treinta años pasaron volando, los treinta siguientes lo harán más rápido todavía. No obstante, sé que lo que me queda por vivir es mucho más y mejor de lo que he vivido y, si la muerte es tan sólo la oscura puerta que creo que es, lo que resta después de traspasarla no es siquiera susceptible de ser medido...
Lo dicho: tiempo, maldito tiempo -como hace tiempo escribí- testigo de los males del mundo. Tiempo, tiempo, tiempo... ni juez ni parte... ni siquiera verdugo.
Una reflexión de mi cabeza llena de pajaritos. Un saludo.
2 comentarios:
El tiempo no existe, pedro. Tú eres tiempo... no mires atrás, piensa en lo que queda por llegar.
Saludos, ya sabes, desde el otro lado del espejo. Besos a Beatriz. espero poder darte buenas noticias en breve. Reza (tú que aún lo haces)por mi.
¡Qué razón tienes!
Rezaré por ti, yo que´aún lo hago, aunque sea de vez en cuando solo.
Un abrazo.
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